¿La salud de la gente o el dinero? Para cualquiera que haya seguido las noticias de los últimos años la respuesta está bien clara: el dinero. Hemos tenido ejemplos recientes como el pánico creado con la gripe A, el medicamento contra la diabetes con efectos secundarios mortales, o el ostracismos al que ha sido sometido el científico colombiano Manuel Elkin Patarroyo por su afan de crear una vacuna contra la malaria libre de patentes.
Las patentes tienen el supuesto cometido de incentivar la innovación. Sin embargo, en algunos casos, lejos de fomentar la innovación, la estancan, la ahogan. En la ciencia en particular, en la que los hallazgos dependen de otros hallazgos y de un esfuerzo colaborativo que empeña a veces a cientos de personas en investigaciones complementarias, la explotacion privativa de los resultados es, cuando menos, injusta. En este post se argumenta el por qué las patentes de fármacos, genes y procedimientos deberían abolirse o, al menos, reducirse.
Investigadores canadienses logran curar el cáncer usando dicloroacetato, sin embargo, esta sustancia no requiere patente por lo cual no representa negocio para Big Pharma y podría ser bloqueada.
La Asociación de Víctimas de la Talidomida en España (AVITE) presentó ayer una demanda contra las farmacéuticas Grünenthal y UCB Pharma, los laboratorios que a finales de los 50 vendieron medicamentos con el principio activo de la Talidomida, como remedio para las náuseas de las embarazadas, con resultados nefastos.
India y la UE están negociando a día de hoy un tratado de libre comercio. Al respecto, el director ejecutivo del ONUSIDA, Michel Sidibé, ha advertido de que "millones de personas morirán si India no puede producir" dichos fármacos baratos y ha apuntado a África "como la parte más afectada" por esta decisión. El hecho de que cerca del 86 por ciento de los individuos tratados por sida reciban fármacos fabricados en India, ha dicho, convierte este asunto "en un tema de vida o muerte".
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