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Cuando Tadd Truscott estaba en la universidad, uno de sus compañeros en el MIT le sugirió que hiciera girar un huevo duro en un charquito de leche, como si se tratara de una peonza. Lo que observó fue un pequeño rociador a la altura del ecuador del huevo. Lo que parecía una curiosidad de ciencia casera, se transformó en un proyecto de investigación que lo llevó, a él y su equipo, a desvelar el secreto del cómo y el por qué sucede... y a encontrar interesantes aplicaciones del mismo por el camino.
Divúlgame