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Hoy en día no solemos dar importancia al hecho de conocer nuestra posición exacta (con una precisión de unos pocos metros) sobre la Tierra. Estamos habituados a pulsar un botoncito en nuestro "smartphone" de última generación y conocer al instante nuestra latitud, longitud y altitud y todo ello sin saber absolutamente nada de triangulación, matemáticas, física o satélites artificiales.
Divúlgame
Apasionante historia. Por cierto, me ha matado lo del "polvo de la simpatía". Es increíble que hombres de ciencia pudieran creer en ese tipo de patrañas.