Las marcas de crecimiento que aparecen en los huesos fósiles de los dinosaurios han sido utilizadas con frecuencia como indicios o pruebas a favor de la hipótesis de que los dinosaurios eran animales ectotermos. Sin embargo, los fundamentos fisiológicos de tal supuesto son erróneos, y un estudio reciente ha aportado evidencia empírica en la misma dirección.
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