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El paisaje es abrupto, barrancoso y con ramblas, peñascales y yermos, bosquecillos de pinos y carrascas. Pero la carretera no está mal y al final del camino le espera al viajero Morella. Se trata de una urbe que evoca la imagen de una montaña que parece un cono truncado fortificada por sucesivos recintos inexpugnables, con más de dos kilómetros de perímetro, 14 torres fuertes y seis puertas de acceso.
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